28 de diciembre de 2008

Hay noches

Hay noches en que no me parezco al somnoliento ente que llega a su casa como despojo humano después de la jornada laboral. Noches en las que cruzo el portal de mi habitáculo sin ser invadido por el cansancio y el somnífero efecto del silencio y la televisión diciendo estupideces al final de la cena.

En esos espacios nocturnos, esporádicos como las visitas al cine, me descubro en medio de un crucero con su sinfín de caminos posibles e imposibles, una gama de opciones tentadoras que me llaman todas al unísono, me ofrecen sus mejores viandas, sus más finos placeres y sus más altos objetivos, sus armonías hiper-hipnóticas y sus cielos diáfanos con estrellas formadas caprichosamente como para entretener a la humanidad entera.

Y son tantas y tan tontas las tentadoras opciones que como tentáculos me inmovilizan tanteando cada una de mis tentaciones escritas con el tintero que una vez intenté tontamente ignorar.

Ninguna opción se realiza, ninguna mueve mi voluntad ni para destruirme ni para seguirme construyendo; ni para sanarme, ni para asesinarme de una vez por todas. Me quedo a medias de todo, escribiendo estas líneas necias sin un destinatario más evidente que el que veo en el espejo cada mañana, envejeciendo sin sentido y me reconozco pero no me acepto como uno más de los tantos que miran su reflejo y se reconocen pero no se aceptan.

Y queman tan quedo que cada manta queda intacta de quemaduras, queman tantas y son tan tontas tentaciones, que maduras... Y quedo en un silencio quedo.

Hay noches que sueño sin dormir, me embriago sin beber, vuelo sin fumar aunque esto último sea irrelevante porque siempre vuelo sin fumar... Hay noches que emprendo la salvación de mi mundo, y me convierto en héroe de armario, noches en que me convenzo de que tarde o temprano terminaré lo que pensé, aunque nunca lo haya empezado, noches que devastan mi ruina monótona y ácida y me transportan al encanto melancólico de mi prosperidad rutinaria y abrasiva.

Y te recuerdo... Contigo estoy tan cuerdo, que ni me acuerdo de las cuerdas que me sujetan a mis acuerdos... Y tú me quitas la cordura para estar en desacuerdo con los cuerdos.

Hay noches sumergibles y noches como ésta en las que me sumerjo sin tanque de oxígeno y me encuentro conmigo pero no tengo nada que decirme, o me digo sin poder escucharme, o me escucho sin ser capaz de responderme. Hay noches que parecen infinitas como para devorarse todos los mundos virtuales en el transcurso de su eternidad y fugaces como para siquiera comenzar a mirarles de reojo.

Esta oscuridad es tan luminosa que pone todo en claro: La Coca-Cola del cine tiene efectos secundarios.

4 comentarios:

  1. ¿Cómo pasa que me pierdo tantos posts seguidos? A veces me entiendo menos y soy la única que me entiende ¬¬ (Houston tenemos un problema!)

    Hay noches para todos (y días! llevele, llevele que estamos de oferta no les ignore)... lo interesante es que hay noches y HAY NOCHES, vamos de gane si ninguna se le parece a la anterior.

    Tenga cuidado esa cocaína (la de cola) hace daño, se lo dice una cocacolamaniaca empedernida que puede deshacerse de cualquier hábito menos del de tomar Coca-cola ^_~

    Seguimos leyendonos ^0^

    Sayonara ^-^

    P.D. Bicicletas así quiero (la que me has mostrado también) ¿Dónde se consiguen?)

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  2. pocos pueden decir esto pero:


    yo le conozco algo a la autora de este blog, y aun que fue de una sola vez, se lo conozco requete bien.....la voz.

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Trinos al vuelo