1 de octubre de 2019

Cuando ya no quiero soñar bonito

A mes y medio de la separación, he luchado con todo mi ser contra la depresión y la ansiedad, la desaparición tan repentina de las risas, los ruidos, los tactos, los aromas que llenaban mi vida ha significado un infierno, en especial luego de asumir mi parte de responsabilidad y percibirme condenado.

Una de las torturas más irónicas de este abismo, son mis sueños. Normalmente, luego de tener un sueño bonito despertaba a mi realidad inspirado, sonriente. Ahora, cada noche oro por no soñar con esas risas, ruidos, tactos, aromas y momentos felices que vivía junto a mi esposa e hijas, porque los disfruto mucho, pero cuando abro los ojos a la realidad, varias veces a lo largo de la noche y la madrugada, no es más que para darme cuenta de que esta nueva vida se parece mucho a una pesadilla interminable.

Y quiero creerme que no lo es, quiero enfocarme en lo que sigue funcionando, mis amigos, mis padres, mi familia de origen, los momentos con mis hijas aunque ahora sean más escasos, mi trabajo y la gente formidable que colabora conmigo. Y hago de todo para cambiar de enfoque, me busco, me obligo a comer, a sacar pendientes, a comunicarme, a reencontrar el sentido que no deja de jugar a las escondidas.

Me sigo obligando a recuperar la mejor versión de mí, esa que comencé a descuidar hace años, cuando pensé que ya había hecho suficiente y me dormí en mis laureles. Toca apostar a que el tiempo y la lucha me vayan sanando, toca apostar a que un día volveré a soñar bonito y abriré los ojos para agradecer que mi vida vuelve a ser mejor que mis sueños.

20 de agosto de 2019

Tenía un lugar

Tenía un lugar en el que por momentos me podía olvidar de que el mundo ardía en llamas.

Tenía ese espacio lleno de risas, de roces, de gestos que alimentaban mi alma y le daban un sentido a mis luchas diarias.

Tenía algo que me enorgullecía, porque lo había construido a base de decisión, voluntad, esfuerzo, sacrificio, deseo, pasión, aprendizaje y perdón.

Hoy no tengo nada, quizás no aprendí o no perdoné lo suficiente... Solo sé que ahora no me queda más que un intento de resignación...

13 de agosto de 2019

Sin destino

Estas letras no tienen destinatario en la misma medida en que ahora mismo yo no tengo destino.

Estas noches llegan angustiosas como ir quedando ciego sin razón aparente, erráticas como perderse en el desierto sin brújula, sin sol, sin estrellas.

Estas lágrimas emergen sin permiso y arrastran sollozos de agonía ante muchas incertidumbres o ante una sola que las lleva a todas en su matriz.

La manía de imaginar y reinventar nuestra catástrofe es un tic-tac que no se puede silenciar, un goteo que no se puede detener, un fuego que no deja de quemar.

La tentación de sepultar mi detector de mentiras, que ahora da demasiados falsos positivos, con tal de estar tranquilo, con tal de seguir en nuestra "Matrix", se enfrenta a la tentación de decir basta y asumir el dolor de autorizar el derribo de 12 años de nuestras vidas.

Pero aún no hay destino...

26 de julio de 2019

Llueve otra vez




Llueve otra vez…

Como ya cantó cierto cubano.

Siempre he disfrutado de los días lluviosos, el petricor es uno de mis aromas favoritos y la frescura que traen consigo el agua, las nubes y el viento son tranquilizantes e inspiradoras.

Al menos hoy fue un día lluvioso, tomarlo como algo positivo es mi única salida porque, así como ver días lluviosos me hace bien, sentir que llueve de nuevo dentro de mí comienza a consumirme.
  • Llueven dentro ocho años que comienzan a evaporarse…
  • Llueven dentro mil batallas ganadas que pierden mérito frente a la inminente derrota en la guerra.
  • Llueven dentro las letras que le dediqué y ahora no sé a dónde se irán.
  • Llueve dentro el gran perdón que le ofrecí.
  • Llueve dentro la confianza pulverizada y reconstruida, con esa vulnerabilidad que no pudo tolerar.
  • Llueve dentro la sensación de nunca haber sido correspondido en la misma medida del amor.
  • Llueve dentro que estas conclusiones llegaran tan tarde como para doler más y en más personitas.
  • Llueven dentro mis tropiezos imperdonables que nunca sabré equiparar con el gran tropiezo que yo sí perdoné.
  • Llueven dentro mis patéticos intentos de hacerle feliz contrastados con sus patéticos intentos de comprarme.
  • Llueven dentro las horas de mis personitas que terminará por robarme, porque así es la tradición y así está de moda que sean las leyes.
  • Llueve dentro la intimidad que terminó por parecer limosna.
  • Llueven dentro las evidencias de que volvió a fallar, no porque fallara, eso lo volvería a perdonar, sino porque aún me las guardo con la esperanza de que no sean otra excusa para terminar de perderle.
  • Llueve dentro que hoy la esperanza pareciera haber muerto.

Gracias a la lluvia que hay afuera, porque de alguna forma equilibra la lluvia "detrás de mis frontales". Ojalá viniera un diluvio, ojalá las nubes me concedan una tregua, hasta que vuelva a ser capaz de dormir, hasta que el sol salga de nuevo en mí.



Llueve otra vez detrás de mis frontales.
Entre oreja y oreja nubes bajas,
oscuras como cajas,
se disfrazan de fieros animales.

Una mujer he visto cuatro veces
con los ojos comunes de nosotros.
Cuatro mil con los otros:
con los de padecer horas y meses.

Llueve otra vez
donde no hay más conmigo
que fieros animales,
que tiernos enemigos.

Llueve otra vez
detrás de mis frontales.
Oh, campo sin abrigo.
Oh, calle sin portales.

Llueve tan bien, que el fin de la semana
en vez de ser domingo en mi cabeza,
es sólo la tristeza
helándome el cerebro y la mañana.

Una mujer que nunca me provoca
me ha condenado a lluvias sin motivo
y desde entonces vivo
ahogado en el deseo de su boca.


28 de junio de 2019

Notas en botella desde un naufragio en tierra firme - II

Día 3

Sigo enfermo, debo verme terrible, el consuelo es que casi nadie me ve.

Continúo buscando explicaciones, pero toda la sabiduría humana que encuentro en nuestra gran red me lleva hacia las mismas conclusiones, ideas como estas:

  • "No hay relación perfecta, solo parejas que nunca se rinden"... Pero esta máxima no dice nada sobre la deserción parcial.
  • "Dicen que quien te quiere de verdad, vuelve... Pero parece más acertado pensar que quien vuelve es porque se arrepiente o porque le conviene, quien te quiere de verdad nunca se va, por más difícil que sea la situación". Y conozco ejemplos.
He recibido indicios de que afirma preocuparse por mí, sé que me ve a lo lejos, sé que sabe de mi deterioro, pero hasta ahora no ha parecido importarle... Y al mismo tiempo, desde la comodidad de haberse llevado mi embarcación con todo y tripulación, me acusa de bombardearle con mis trozos de mensajes embotellados que parecen "un grito que intenta ser conversación".

Quizás las máximas pasiones humanas tienen su culminación en viernes, como aquél de la crucifixión... Anoche me consolaba con música y me encontré esta plegaria que hice mía...

27 de junio de 2019

Notas en botella desde un naufragio en tierra firme - I

Prólogo


Estas notas se refieren a un "naufragio imaginario"... "Imaginario" porque no se trata de un naufragio en sentido literal (no los hay en tierra firme) y "naufragio" porque se puede sentir como tal.

Cualquier semejanza con cualquier realidad ha de ser valorada por cada lector, que al cabo ni son muchos... Y si fuera necesaria alguna justificación para estas líneas, baste con imaginar a cualquier náufrago, arrebatado de todo lo que daba sentido a su vida, teniendo a mano un montón de botellas, papeles y tinta, escribiendo las razones del naufragio ya no para ser rescatado, quizás para retrasar la locura que supone la incomunicación.

Día 2

Aún no entiendo cómo llegué aquí. Creo que alguien me tiró por la borda de mi barco "Familia", al parecer porque ella necesitaba soledad para decidir si yo debía seguir formando parte de la tripulación. Se suponía que ambos teníamos el mismo rango en la nave, pero ella decidió unilateralmente y yo me dejé arrastrar.

Lo que me parece irónico es que la persona que me arrojó afirmaba necesitar soledad pero fue quien se quedó acompañada, arrojándome a mí a esta zozobra. Con cada hora, muere la escasa esperanza de ser rescatado.

No recuerdo haber hecho nada tan malo que ameritara la situación, tenía mis fallos como todos, también tenía mis aciertos y durante muchos años supe (supimos) hacer navegar la nave en medio de tempestades.

Intento mantener encendidas las últimas brasas de esperanza, intento pensar que eso de la necesaria distancia en soledad sea para lo que me dijeron, porque si en realidad se trata de una competencia para una vacante que abrieron sin avisarme para el puesto que ocupaba, será imposible que participe con esta desventaja.

Esto no es una carta ni un mensaje

Esto es solo una evidencia de que estoy pensando en ti.

Es un rastro de la trayectoria que sigue mi dolor en tu ausencia. No es un grito de auxilio, no es una invitación.

Esto es solo una muestra silenciosa de que ni mi lógica, ni mis conjeturas más paranoicas, convertidas en "verdad" por mi despecho, logran suprimir el anhelo de volver a empezar.

Esto es solo un comunicado sin comunicar, porque has pedido "soledad" y, aunque el único que se queda solo para cumplir con la petición he sido yo, aquí estoy, ofrendando unas letras que mi razón dice que no mereces pero que mi corazón ordena escribir.

Me propuse no llamarte, no escribirte, ni siquiera pensarte... Honestamente solo he podido cumplir las dos primeras y me está costando un huevo, por eso te escribo por acá, así dejo en terapia intensiva a la remota posibilidad de que me extrañes, así me amarro el dedo por si luego concluyes que sigo sin merecerte porque te cumplí demasiado bien eso de la soledad.

Trinos al vuelo