21 de octubre de 2015

Volver al futuro

Hoy hace cinco años también viajé al futuro, nos vi, a ti Peque y a mí como un matrimonio y una familia. Esa visión me llevó a hacerte la propuesta más valiente y valiosa de mi vida. Hoy, hace cinco años, moría de nervios mientras te proponía "ser felices sin remesas familiares ni marcharnos del país".












2 de septiembre de 2015

Un Réquiem por Malena

Unos inigualables frijoles de la olla con queso fresco y plátanos fritos para cenar, un exquisito estofado con arroz colorado para comer, una Coca-Cola que nos enviabas a buscar a tus nietos para agasajar a las visitas en tu pequeña pero siempre hospitalaria sala... Una, dos, tres camas siempre dispuestas para dar descanso a quien fuera parte de la familia por lazo sanguíneo o de amistad, para los momentos felices como las fiestas de fin de año, las vacaciones o el Carnaval, y para los tragos amargos como el sinnúmero de funerales que te tocó atender, incluidos el de tu amado esposo (nuestro amado abuelo) y el de tu amado hijo (nuestro amado Tío Chavo).

Unas monedas que nunca te sobraban pero siempre estabas dispuesta a compartir con quienes las necesitáramos, porque nunca fuimos familia de abundancia financiera, pero entre tú y mi abuelo nos enseñaron a compensar eso con abundancia solidaria. Un gesto siempre compasivo para con los más pequeños, los que padecían algo por insignificante que fuera, como cuando veíamos en familia los partidos de la selección mexicana de fútbol que milagrosamente conseguía arrasar con su oponente y tu voz emitía un compadecido “¡ay pobrecitos!” refiriéndose al contrincante.

Un don de escucha imperceptible para muchos, pero yo me daba cuenta que quien llegaba a sentarse a tu sala o a tu comedor para contarte sus penas, incluido yo, se iba con un semblante distinto, como si le hubieras sembrado una semilla de paz con tus oídos y con palabras bien escogidas.

Un respeto infinito para atender con la misma amabilidad a personas de todos los estilos, todas las creencias y todas las intenciones, aunque no estuvieras de acuerdo con ellas.

Una risa hermosa, contagiosa, sencilla, atenta a cualquier simpleza para estallar y elevar el nivel de alegría de las reuniones, como cuando estábamos a la mesa y se me ocurría alguna tontería que te hacía reír, entonces me decías: “ay Leo, me hiciste reír sin ganas”.

Una alerta constante para verificar el bienestar de toda tu familia. No sólo de tus hijos, no sólo de tus nietos, sino de tus hermanas y tu hermano, de tus sobrinos, de toda la parentela política y de todos los que guardabas en tu corazón por el simple hecho de saber que son importantes para quienes tenemos la fortuna de ser descendientes tuyos. Las cuentas del teléfono no me dejan mentir al respecto.

Una lista de tus frases célebres que comencé a elaborar junto con mis primos, cuando la realidad del tiempo y la edad me punzó dolorosamente para recordarme que nadie se queda en este mundo eternamente, ni siquiera tú que bien lo hubieras merecido. ¡Cómo disfrutabas cuando nos dábamos cuenta de que habías dicho una nueva frase célebre y yo la anotaba o alguno de mis primos me enviaba un mensaje para que no quedara sin registro! Pero más disfrutabas cuando, en las reuniones familiares hacíamos el recuento de la colección.

Y el fin de año que siempre, o casi siempre hemos celebrado bajo tu techo, porque tú y mi abuelo tuvieron el don de atraernos como un imán a su casa encantada, a su casa tan llena de su santidad, tan resistente a huracanes, tormentas y terremotos. Siempre nos acompañaste en esas celebraciones y hasta tus últimas ocasiones aguantabas despierta más que muchos de tus hijos y nietos, porque siempre te gustó exprimir hasta la última gota de felicidad que brindan esos momentos en familia.

Y el fin de tu paso por este mundo, con el que también nos reuniste, con el que también nos dejaste enseñanzas valiosas acerca de la fortaleza, de la solidaridad, del respeto, del amor.

Un réquiem para ti que te despediste hace un mes, pero te quedas en nuestro corazón para toda la vida.

13 de mayo de 2015

Cancela Dish y te harán arresto domiciliario

Estoy molesto... No, enojado... No, frustrado... ¡Todo junto pues!

La exposición a televisión ha disminuido drásticamente en mi familia, la lectura, el entrenamiento de nuestra integrante canina y la convivencia en general son mucho más gratificantes y han ido ocupando cada vez más de nuestro tiempo libre, al grado de que pude registrar tres semanas continuas en las que no encendimos el decodificador de Dish, así que el 10 de abril pasado llamé para cancelar el servicio.

Conociendo las mañas de este tipo de empresas, tomé la precaución de leer "¿Cómo cancelar Dish: guía de pasos claros para lograrlo definitivamente?" y seguir todas las recomendaciones. Después de convencer a la persona que me atendió de que quiero cancelar el servicio, al fin me dio un número de folio e indicaciones de que previamente al 8 de mayo se comunicarían conmigo para acordar la entrega del equipo, aclarando que hasta que ese último paso no se realiza, la cancelación del servicio no concluye.

Llegó el 8 de mayo sin llamadas previas. A la mitad de ese día recibí la llamada del técnico que me decía que pasaba a mi casa por el equipo en 20 minutos, situación que me resultaba imposible atender dada la premura de la notificación. Moviendo un montón de compromisos acordé con el técnico que nos viéramos a las 17:00 horas. Estuve en casa desde las 16:00 hasta las 18:00 horas y no se presentaron por el equipo. Recurriendo de nuevo a la guía, llamé a Dish y notifiqué la situación, en esa ocasión me atendió una persona muy mal capacitada (tartamudeaba, repetía constantemente "Señor" al grado de que no se entendía lo que decía), al final alcancé a descifrar que debía volver a llamar al día siguiente para solicitar que fueran por mi equipo.

Ese mismo día regresé a casa para encontrar un volante de Dish con el que los técnicos "avisaban que acudieron al lugar a las 17:00 horas", una total mentira ya que estuve presente en ese horario, con testigos, evidencias y toda la cosa, así que llamé al celular que el técnico dejó escrito al reverso del volante y le reclamé la situación, él se disculpó indicando que quiso escribir "18:00 horas", que se equivocó y me propuso pasar el lunes 11 de mayo por la tarde.

Toda la familia nos organizamos para esperar al bendito técnico ese 11 de mayo, como si de John Lennon resucitado se tratara... Pero no llegó. Al pasar el horario dentro del que supuestamente acuden, volví a llamar a Dish, me atendió una persona más capacitada que al inicio me dijo que tenía registro de que pasaron a mi casa y no me encontraron, por lo que la falta de recuperación del equipo no era su responsabilidad y que debido a ello se había reactivado el servicio y me cobrarían una mensualidad más... Ahí fue cuando se desató mi furia... Aunque claro, traté de controlarla lo mejor que pude, pero con firmeza le exigí de muchas formas a quien me atendía que se aclarara la situación.

Gracias a la llamada que hice ese 8 de mayo, conseguí comprobar que el técnico no había pasado en el horario acordado, así que no cobrarían la mensualidad y me reprogramarían la recuperación del equipo para el 13 de mayo. Con tal de cerrar este asunto, hice mis cálculos y decidí pedir el día de vacaciones para esperar, como guardia del Palacio de Buckingham, la llegada del técnico que, según los que te atienden en Dish, puede ser en cualquier hora del día. Le dejé claro al ejecutivo que sería la tercera ocasión en la que movilizaría mi agenda para esperar la recuperación del equipo, por lo que le rogaba que fueran formales al respecto... El ejecutivo me garantizó que no habría problema, que se comunicarían conmigo ese mismo día para acordar la hora de visita.

Llamé a Dish las 9:00 horas del 13 de mayo para preguntar si ya estaba asignado un horario para recoger el equipo, me dijeron que aún no, que me llamarían en el transcurso de la mañana. Pasaron 6 de las 10 horas del día durante las que los técnicos hacen la recuperación de equipos, por lo que a las 14:00 horas volví a llamar a Dish para notificar mi espera infructuosa, repitiendo mi letanía de inconformidad.... La respuesta del ejecutivo fue que yo debo seguir esperando.

Y aquí estoy, sintiéndome bajo "arresto domiciliario" porque Dish tiene una conveniente política para retener a sus clientes, incluso a los que no queremos más su servicio.

Así que ya saben, si no han contratado Dish o similares, no lo hagan, de verdad, no vale la pena, sigan disfrutando de sus familias, de sus libros, de otros servicios de entretenimiento menos invasivos y con menos efectos colaterales. En resumen: Si el servicio necesita la instalación de un equipo costoso que no será de tu propiedad y cuya desinstalación no la puedes hacer tú mismo, no lo contrates.

Trinos al vuelo