4 de abril de 2009

Explicar lo que no existe: Crisis 2

[Escalas previas: Crisis 1]

En aquél planeta con destino fatídico, las eras habían transcurrido sucediéndose unas a otras, siendo unas tésis, otras antítesis y algunas síntesis, pero siempre dejando un estigma para los vencidos y poder hereditario para los vencedores.

De a poco, no era únicamente la historia una vía para justificar las tiranías: A los herederos del poder se les había ocurrido la idea de legislar, escribir las normas de convivencia y colaboración maquilladas con una extensa parafernalia que pretendía convencer a los pueblos de la bondad de las instituciones, de las buenas intenciones de la autoridad y de que ésta no era más que una extensión del poder que los mismos pueblos ejercían: Se les ocurrió la democracia como una "dictadura maquillada de poesía".

Se volvieron moda las revoluciones, los golpes de estado y la sustitución de tronos y coronas por parlamentos, congresos y ministros que decían servir a los pueblos. A la par, en medio de aquella distracción que ocasionaban las beligerantes búsquedas de libertad y respeto a los derechos humanos, se gestaban a oscuras las vías para globalizar el poder de unos cuantos, globalizar las condiciones para conseguir esclavos voluntarios (que convenientemente dejarían de llamarse esclavos y se les nombraría "recursos humanos") que desgastaran sus vidas en la búsqueda de un sueño que les costaría su salud, su familia y sus principios, en supuestas jornadas de ocho horas que terminaban siendo de veinte, por un puñado de dinero que de un día para otro perdería su valor, pero dejando en manos de los gigantes capitalistas y políticos, anónimos e intangibles o famosos e intocables, el producto de su trabajo, lo que en realidad no perdería jamás su valor.

Globalizaron entonces la posibilidad de abrir fábricas en los pueblos que ofrecieran más facilidades a cambio de miserias y cerrarlas donde la gente comenzara a ser consciente de esa esclavitud disfrazada de "oportunidades de empleo". Y siempre estaba de por medio ese invento del que se valían los poderosos para hacer cumplir sus intereses, para premiar a sus aliados con dádivas y relumbres. Pero incluso aquellos aliados, aquellas rémoras al frente de medios de comunicación, de cargos políticos, de sindicatos y de grandes de empresas, veían sus sueños caer por causa de aquello que ellos mismos defendían y nombraban como "crecimiento sostenible".

El crecimiento sostenible dejó de serlo y ni las más audaces estrategias para favorecer el consumismo podían hacer frente a la realidad: los recursos se acababan, la gente ya no podía producir más allá de las veinte horas de trabajo sin desfallecer, quienes se habían endeudado para vivir el sueño del poder no estaban pagando su deuda, las rémoras se tronaban los dedos al ver sus ambiciones en peligro y retiraban sus inversiones, cerraban sus empresas echando a la calle a millones de esclavos voluntarios que ya no podían aspirar ni siquiera a eso porque ya les habían despojado de sus tierras y de sus principios... Los herederos del poder, los exclusivos y excluyentes, inventaron un término, que además fue una estrategia, para definir esta situación: Crisis Financiera.

Y el término sirvió para mantener calmada a la gente, para dejarla a la expectativa de lo que harían "los expertos" para solucionarlo todo y en la disposición de "ayudarles" a hacerlo. Todo era culpa de "la crisis" pero ésta no terminaba de ser responsabilidad de nadie... La crisis no era más que una pausa que globalizaba una sensación de miedo y sometimiento, que serviría como pretexto para deshacerse de los estorbos y reafirmar la lealtad de los esclavos voluntarios y las rémoras que deseaban que todo volviera "a la normalidad"... Esa normalidad que mantendría todo en su lugar... Cuando las rémoras se pusieron de acuerdo entre sí, bajo el mando de los herederos del poder, pasó la crisis, todo estaba bien, al planeta se le podía seguir devastando, a la gente se la podía seguir explotando, el dinero podía seguir circulando con su inequitativo valor, los pueblos seguían pagando sus impuestos por vivir en países que parecían parques de diversiones surrealistas, la gente que conservó sus principios seguía pobre o en la cárcel pero ya todo estaba bien, iniciaba una "nueva era": Status Qúo.

Y aquella nueva era sería la última, la más corta de todas, porque aquél hermoso planeta había dejado de ser verde y se había secado dejando aguas grises y putrefactas; había despedido a la mayoría de sus especies que ya no se reproducían más y sólo dejaban una estela de muerte... Y aquella peculiar especie que había sido capaz de pensar, había sucumbido ante sus propios inventos, había abandonado su realidad y se había convertido en víctima de su sueño de ser el centro de todo aquello que ahora estaba aniquilado.

Epílogo
¿Por qué hay que explicar la crisis como algo que no existe?
La crisis financiera que tanto escuchamos y sufrimos en estos días es resultado de una serie de inventos desafortunados. Somos víctimas de algo que no existe porque simplemente es algo que unos cuantos han inventado para que todos añoremos las migajas del poder y perpetuemos ese "ciclo sin fin" en búsqueda de un sueño que no necesariamente se materializa para quien más se esfuerza o para el mejor intencionado, sino que se hace realidad para quien se atreve a escalar una cima en la que se deben aplastar las cabezas de otros.

Existe el trabajo, pero nos han inventado el dinero y el estrés.
Existe la ayuda, pero nos han inventado el usufructo.
Existe la colaboración, pero nos han inventado la explotación.
Existen los recursos naturales, pero nos han inventado el consumismo y el "libre comercio".
Existe la convivencia, pero nos han inventado las democracias esbeltas e hipócritas.
Existen los problemas y las vías para resolverlos, pero nos han inventado una crisis que es fruto de las mismas mentiras y los mismos esquemas que se pretenden perpetuar.

Escribo esto sabiéndome parte de este sistema, sabiéndome un posible esclavo voluntario y posible e iluso aspirante a rémora, porque tengo presente que nadie escapa a esas posibilidades y no pretendo erigirme en una de las escasas excepciones a la regla. Pero soy también testigo de lo absurdo de nuestro propio planeta y veo a mis padres (como los de muchos), entrando a la tercera edad, esforzándose por sobrevivir después de años de actuar de acuerdo a sus principios y de renunciar a su salud y hasta a parte de la armonía familiar en beneficio de empresas que les dieron la espalda a la primera oportunidad, les veo repitiendo el ciclo sin fin y me veo a mí, cobarde y "educado" siguiendo esos pasos a regañadientes.

El cambio se logra tomando una opción personal por lo que sí existe, renunciando de a poco a las invenciones, rompiendo ese esquema que se podría dibujar como una serpiente que muerde su cola. El cambio se siembra en el propio corazón y entre los más cercanos, se comparte y se cultiva sin juicios ni prejuicios, porque ninguno escapamos a las ataduras del sistema; el cambio se siembra y se cultiva con el esfuerzo y sacrificio de hoy, aunque quizás se coseche muchas generaciones después, aunque nos corresponda ser meros buscadores de un horizonte que parezca inalcanzable.

De Instantes fotogénicos

4 comentarios:

  1. je, que curioso, justo cuando te iba a pedir que escribieras algo... curioso tambien que menciones algo que ya sabia, sobre la inexistencia de lo que nos repetin en los medios, aunque no con los mismos argumentos, pero al fin y al cabo el mismo problema... sin embargo prefiero tu sentido poetico del asunto... Por desgracia debo decir que si,(como todos) tienes ese sabor al "sistema" demasiado metido en la piel y en la sangre... a veces no se si te envidio o temo convertirme en eso...

    ResponderEliminar
  2. Odio al sistema no sustentable que nos imponen y tal vez ese sea mi gran error porque el odio va mas allá de un "no estoy de acuerdo" que sería mas constructivo para mejorarlo. Mi odio me hace querer destruirlo y no ser parte de el.

    ¿Que sería de mi de no haber encontrado al permacultura? Algo que siento puede ser mi emancipación.

    Excelente post. Como casi siempre.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. Formar parte de esos "perturbadores ciclos" es más producto de la conformidad colectiva que de la cobardía y la “educación” individual.

    Alguien nos dijo un día aquí esta la línea límite: no cruzar, sin dar explicaciones y sin pedirlas nos sentamos en una sillita a observarla esperando que en un golpe de suerte pudiéramos ver si hay algo más allá.

    Es más fácil ser pseudo inconformista y defraudarnos a nosotros mismos moviendo la sillita de un lado a otro sin levantarse simplemente para cambiar la vista, lo que realmente es lo mismo que hacer nada, que ser el inconforme de verdad que "defrauda" a los demás abandonando su puesto.

    Sabemos que odiar el sistema es odiar casi todo y todos lo que te rodea y que intentar cruzar solo la línea es estar más desahuciado que un oso panda en el desierto del Sahara.

    Una batalla a ciegas y sin armas que requiere de más paciencia que fuerzas.

    ResponderEliminar
  4. Esta es nuestra realidad amigo, estos ciclos que nos hacen vivir de una y otra manera. Sin embargo tengamos, o no, "educación" en la vida hay modelos que nos han heredado nuestros ancestros, y de esa forma somos parte de una enseñanza ancestral.

    Buen aporte. Felicidades. Exelente

    ResponderEliminar

Trinos al vuelo