10 de julio de 2011

Fieros animales y tiernos enemigos

Lluvia
"Llueve otra vez
donde no hay más conmigo
que fieros animales
que tiernos enemigos"
(Silvio Rodríguez)
Aquellos fieros animales que se asoman desde el interior, que han acompañado silenciosamente seis lustros de mirar soles, lunas, nubes y estrellas; claramente y entre lágrimas.

Aquellos tiernos enemigos, sutiles e imperceptibles por ser propios, cíclicos y sonámbulos como fantasmas de temporada que acechan en los rincones insospechados de la fatalidad o del simple pesimismo.

Aquella lluvia que resuena con su eco y confunde el golpeteo de sus gotas con el manar de las que nublan la mirada, de las que pretenden limpiar el alma de sus tóxicas desdichas, por insignificantes que al universo le resulten.

Se llueve y se llora, cuando la sequía se convierte en una sed angustiosa y la esperanza se pierde en un horizonte difuminado por la bruma y la incertidumbre. Se llueve y se llora, no por voluntad, sino por causa natural, o por bendición divina; los paradigmas son irrelevantes mientras la tormenta hidrata los paisajes e inunda la tierra, o el llanto libera las tensiones y reordena la existencia.

Y en medio de las lluvias y los llantos reparadores, siguen acechando aquellos fieros animales, aquellos tiernos enemigos expectantes ante la vulnerabilidad de cada temporada solitaria, sin nadie más que quien protagoniza su propia historia.

"Llueve tan bien que el fin de la semana
en vez de ser domingo en mi cabeza
es sólo la tristeza
helándome el cerebro y la mañana"
(Ibidem)
 

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