30 de agosto de 2010

Redundancias justificadas

Hay redundancias aborrecibles, abusos despreciables del lenguaje que dejan números rojos en las inexistentes contabilidades de las salivas y grafías que se desperdician y se diluyen en mensajes repetitivos.

Seis vuelos continuos podrían considerarse pleonasmos épicos si el tema que les sirve como combustible, al margen de la opinión de corazones secos que vomitan la cursilería, no versara en torno a esta demencia que, valga la redundancia, me está volviendo loco en medio de esta soledad que se pone tan sola sin tu presencia.

Es así que este ciudadano de la luna mira las estrellas ocultas entre las nubes y piensa en ti; mira al sol cada mañana y se desea entre tus brazos; escucha y huele la lluvia veraniega con tu piel en su olfato y tu voz en su oído, es así que descaradamente vuelvo a decir lo mismo aunque use otras palabras y conjugaciones.

Y sin necesidad de hacerlo, sino que por el mero gusto de cometer una osadía comunicativa y el mayor placer de que se escriba con la misma dedicatoria que llevaban los cinco "papalotes" previos, justifico estas redundancias voladoras y te reitero que todos mis vuelos los quiero junto a ti.

Trinos al vuelo