21 de febrero de 2010

Estas horas sin ti

Imagen por edithbruck

Estas horas sin ti son un pincel cubista con el que parece redibujarse la realidad en contorsiones insospechadas, son una melodía de jazz que improvisa los segundos y los transforma en minutos eternos y escurridizos, son un cincel amenazando con esculpir la tumba de esta historia y prometiendo en paralelo un monumento para su eternidad.

Estas horas sin ti secuestran las buenas intenciones, invitan al desamparo nocturno y paranoico de lo que haces sin mí, de la música que no bailamos, los licores que no tomamos y las manos que nos tocan sin ser las nuestras.

Estas horas sin ti son el torno donde el tiempo alfarero modela deseos de barro, deseos hermosos, rústicos, cadentes y frágiles; son como la tinta que pretende escribir un poema y termina siendo una mancha para valorar la salud mental de los inquilinos de un manicomio.

Estas horas sin ti danzan lúgubres en un aquelarre dedicado al tiempo que se traga nuestras vidas y nuestros alientos exhalados tan lejos de nuestros cuellos que temen perderse y no volver a encontrarse más en un beso.

Estas horas sin ti pasan espumosas y salinas como las olas del mar que se rompen lejos de los ríos, en la ingrata arena que sólo se enfría con su presencia. En estas horas tan nocturnas, tan oscuras y tan solitarias cuando no estás tú, irónicamente, eres mi única luz.

16 de febrero de 2010

Aquella fe con aroma a tierra

Extraño la fe con aroma a tierra de aquella comunidad que seguía a un hombre histórico, que creía en la liberación más que en la magia, que veía al pecado como la ruptura de las relaciones entre las personas más que como el producto de ellas.

Extraño aquella fraternidad, aquellos aprendizajes que hasta ahora acompañan mi solitario camino... Quizás el tiempo en mi desierto ha alcanzado sus cuarenta días y sea tiempo de volver con todas las cicatrices, con toda la arena y los cambios que se han suscitado.

Pensé que perdería la fe, que la soberbia se apoderaría de mí, pero no fue así, a pesar de que casi puedo decir que lo intenté. No creo ya desde hace mucho en señores barbones con aureola, ni en seres alados y afeminados repartiendo mensajes, no creo en madres vírgenes ni en otros muchos dogmas absurdos... Creo en la vida y su equilibrada relación con la muerte (hay que morir para vivir), creo en lo que la Historia nos grita sobre la justicia y en lo que la historia nos susurra para denunciarnos la injusticia.

Creo en la ciencia como el máximo entretenimiento de los últimos siglos para explicarnos el universo y nuestra existencia en él, pero guardo la impresión de que tarde o temprano pasará de moda como le sucedió a la religión.

Aquél aroma a tierra, trigo, vino e incienso, aquellos coros del "Pangue Lingue" haciendo vibrar las paredes de una capilla que parecía edificada para la humanidad de quienes deseábamos aprender a amar según como las lecciones de Historia e historia pretenden enseñarnos, todo aquello toca hoy la cuerda más grave de mi nostalgia tan solo para iniciar el acorde de nuevos pasos y nuevos caminos.

Hoy los senderos de muchas reflexiones se encuentran en un sólo punto que dibuja un nuevo horizonte, el camino se reinicia desde la tierra que libera su aroma por efecto de la lluvia justo en el momento en que esperaba una señal para emprender esta travesía.

Trinos al vuelo