29 de noviembre de 2012

Cursilerías necesarias

Hay cursilerías que se tornan urgentes, como las ambulancias o la comida. Reiteraciones que pueden parecer absurdas o nutrir una tendencia al tedio pero que resultan vitales entre dos corazones que han tenido que vivir, juntos y deprisa, la maduración de experiencias inesperadas, sorpresivas y a veces dolorosas.

Hay cursilerías que bien valen las penas y esfuerzos que cuestan, porque prometen avivar fuegos, renovar oxígeno y reemprender vuelos, aunque no se ofrezcan garantías, aunque no se vislumbren salidas, la esperanza y las cursilerías son buenas amigas y no se dejan morir entre ellas.

Te ofrezco esta cursilería, como una nueva y tímida chispa, no porque haga falta, o incluso a pesar de que pudiera requerirse, no como una queja escondida, ni como un obsequio obligado o un anzuelo engañoso en el que yo mismo podría picar. Te la ofrezco como un testimonio actual de que, a trece meses y siete días de haber insertado lo nuestro en el morral de lo formal, sigo viendo estrellas en tus ojos y horizontes en tu piel, sigo respirando esperanza en tu aliento y bebiendo el infinito en tus labios, sigo deseando que todo siga, como si nada más que tú y yo hubiera pasado o pueda pasar.

Te amo... Así de cursi.

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Trinos al vuelo