13 de junio de 2010

Lo que siente la prisa no lo entiende la calma

Se miran, se sienten, viven sus instantes ignotos, calurosos, húmedos, con ventiscas de esperanza, sonrisas radiantes y lágrimas esporádicas de sal, júbilo y desesperación.

Se abrazan, se toman de las manos y huelen la tierra mojada que aún no se moja, la leña que aún no se quema e intentan ganar al tiempo los momentos que les secuestró el destino.

Buscan, tiemblan y lloran porque no hay ciencia exacta para descifrar y predecir al ser humano, porque hay esperas que duelen y someten a los sueños, porque hay impaciencias que desatan huracanes.

Al final del día escriben y leen, por la lejanía de sus almohadas, porque no habrá un roce de sus pies desnudos accidentalmente calculado y sus miradas no encontrarán más vínculo que el de las letras.

La lluvia es la transición a esta noche sin complicidad, el camuflaje para unas mejillas rasgadas de agua salina y el escenario para dos situaciones contrapuestas en dos corazones vinculados:

Lo que siente la prisa, no lo entiende la calma.

3 comentarios:

  1. Me alegra verte feliz y enamorado, espero que esto te dure mucho tiempo y que hayas encontrado lo que has estado buscando...

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  2. ¡Te extraño mucho!...

    = # !( #

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  3. Me dio curiosidad el primer comentario en esta entrada, pero quien sea, gracias por alegrarte por la felicidad de mi ahora esposo... Dios quiera que sea como dices, que nos dure mucho tiempo, en realidad será hasta que la muerte nos separe :)

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Trinos al vuelo