13 de noviembre de 2008

¿Novio fugitivo?

Este año ocurrió: todo el círculo más cercano de amigos míos terminó de casarse. Las bodas más notables para mí, por los años de amistad y cercanía, fueron la de Josh con Gloria (julio) y la de Rudy con Liz (octubre) (disculpas por las fotos, aún no he podido comprar una cámara decente).

Dos amigos entrañables con quienes viví salidas de pinta, intentos de borrachera, bohemias que comenzaban en la tarde y terminaban en la madrugada, retiros espirituales, campamentos, serenatas, obras de teatro, disputas por alguna dama, empresas... Miles de experiencias que comenzaron desde la primaria en el caso de Rudy y la secundaria en el de Josh. Ambas bodas me llenaron de felicidad, me contagiaron de plenitud y hasta me atacaron con cierta nostalgia.

Hace años, llegué a pensar que yo sería de los primeros en casarme y a la fecha me he convertido en uno de los últimos solteros no sólo de mi círculo más cercano, sino de mi generación escolarmente hablando.

Algunas personas podrían pensar que esto se debe al miedo al compromiso, inmadurez, levedad del ser y quién sabe qué otros términos psico- y socio- patológicos... Mi opinión es irrelevante, porque simplemente no me he casado y, por tanto, no soy una autoridad en el tema.

Lo que me ha venido a la mente respecto al matrimonio ha variado tanto como puede ser posible, yendo desde un respeto absoluto que raya en el culto de lejitos, hasta una irreverencia total que se convierte en una invitación a probar de cerquita.

Aunque me he declarado política e ideológicamente liberal, reconozco que en el plano más personal tengo mucho de conservador y no he podido abandonar el sueño de darle continuidad a la historia familiar que me antecede y me ha convertido en lo que soy... Modestia a parte, me gusta lo que soy, me gusta mi familia (abuelos, papás, tíos, primos que son como los hermanos que no tengo).

¿Para dónde va todo esto? Para dejar una incógnita abierta, una fecha sorpresa que se extienda indefinidamente en un plazo desconocido quizás hasta para mí, pero propuesto desde mi corazón que abre seriamente esa gran posibilidad que cualquier lector pueda estar imaginando, esa posibilidad que se va concretando desde hace casi dos años gracias a ELLA.

¡Ah cómo tiendo a dejar "continuarás"!... Pero considerando que caché el liguero...

3 comentarios:

  1. Da el brinco! lo peor que puede pasar es que te caigas y te des un ranaso!!

    (Siempre tan atinados tus comentarios en mi blog... gracias)

    rana

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  2. Manuel Pérez Zúñiga22 de noviembre de 2008, 13:04

    Mi estimado amigo, desde hace buen tiempo que te conozco y se que el día que te decidas por dar ese llamado "GRAN PASO", será una de las decisiones mas importantes (siempre y cuando sea tuya esa idea y nadie te orille)

    Ya después hablaremos de los herederos, que por experiencia propia y sin afán de sonar repetitivo como las demás personas: LOS HIJOS SON LA MAYOR ALEGRIA Y QUE SUS CARIÑOS, CARAS, GESTOS, RISAS, ESOS RATOS EN LOS CUALES CONTEMPLAS SU SUEÑO, ES QUE LE DAS GRACIAS A DIOS Y A LA VIDA POR PERMITIRTE DISFRUTARLO Y SOBRE TODO, EN COMPAÑÍA DE LA PERSONA QUE TE DIO EL INICIO DE ESA FELICIDAD

    Disculpa que haga un comentario apenas el día de hoy, pero este tema da mucho de que hablar.....

    Saludos de Sandra (Mamá) Ximena (Hija) y Manuel (Papá)

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  3. ¿Cuál es la prisa? Acaso hay un limite de tiempo para el matrimonio?

    Si te casas a los 40 tienes menos chance de ser feliz? Yo diria que tienes más, digo, ya estarias a punto de retirarte y tendrias tiempo extra para viajes y paseos.

    Además los hombres pueden tener hijos hasta los 50 o 60 años. Lo dificil sería encontrar una mujer que se arriesgue... pero siempre es dificil.

    No sé. Yo me casaria vieja y eso no quiere decir que no pueda amar o ser feliz antes.

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Trinos al vuelo